Desde la antigua práctica de la oratoria poética en rituales de curación hasta la actualidad, la poesía se ha utilizado como vehículo de expresión emocional. Los estudios recientes sugieren que la lectura y composición de versos activan áreas cerebrales asociadas a la regulación del estrés. Sin embargo, la mayoría de la literatura proviene de estudios piloto y de testimonios personales, por lo que los resultados deben considerarse preliminares.
El patrón emergente en la literatura digital muestra que los dueños que se involucran en talleres de poesía comunitaria reportan niveles más bajos de ansiedad y una mayor sensación de pertenencia. Este fenómeno se alinea con la teoría de la empatía social, donde la partitura colectiva facilita la construcción de narrativas compartidas. No obstante, la variabilidad cultural y el acceso a recursos literarios generan brechas que deben ser mapeadas antes de generalizar.