El método Arcoíris desglosa la búsqueda de la paz interior en cinco colores que representan distintas facetas del proceso: atención, aceptación, transformación, integración y renovación. Cada color corresponde a una práctica específica que, cuando se combinan, generan una trayectoria clara y medible hacia el estado de calma profunda.
La estructura se basa en la idea de que la mente actúa como un cielo que se llena de colores a medida que se exploran y manejan las emociones. Al igual que un arcoíris aparece después de la lluvia, la serenidad se revela cuando se identifican, aceptan y transforman las tensiones internas, permitiendo que la luz interior se irradie de forma armoniosa.